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Cómo es ser una madre de tránsito – #Informe (Infobae)

Carla Casati está casada con Jorge y tienen 4 hijos propios. Desde 2013 son familia de acogimiento y, actualmente, alojan a un niño de 7 años que es el noveno de paso por su casa. “Ser mamá de tránsito para mí es una vocación, una elección de vida. Se trata de poder estar cuando el niño más lo necesita, en el momento más vulnerable” expresa.

El niño que alojan actualmente tiene una discapacidad auditiva y toda la familia ha aprendido lengua de señas para poder acompañarlo mejor. Eso los pinta de cuerpo entero. “Abrazar para después soltar es una frase que resume bien la tarea de las familias de tránsito: abrazar a ese niño, su historia, sus características, sus dolores y sus alegrías. Y cuando llega el momento del egreso, confiar en que hay todo un equipo de profesionales que trabaja para que el niño tenga la mejor calidad de vida posible y poder soltarlo” describe Carla.

Madre en tránsito
Carla Casati

“Es una entrega muy profunda, pero también del otro lado… porque si el niño se entrega con tanta naturalidad e inocencia, ¿cómo uno no va a hacerlo de la misma manera? No es más que ser recíprocos con todo lo que el niño nos da” reflexiona Eugenia Jolivet, que está en pareja con Gerardo. Ambos tienen 2 hijos de sus primeros matrimonios y han ensamblado “una familia con los tuyos, los míos… y los niños en tránsito que fueron los nuestros” tal como ella lo ilustra. Hace 5 años que son familia de tránsito y hace 10 meses alojan a un niño, el sexto de paso por su hogar.

En los últimos años, la práctica de Acogimiento Familiar ha crecido considerablemente en nuestro país, alcanzando entre el 30 y 40% en relación al alojamiento residencial de niños en hogares o institucionalización. “Son más de 70 los programas de acogimiento en nuestro país. Y se sumarán nuevos que están aprobándose en estos meses” comenta Gabriel Di Leo, Licenciado en Trabajo Social y Coordinador del Programa de Acogimiento Familiar en Rosario, Santa Fe.

“Cuando hablamos de familia pensamos en cualquier núcleo convivencial que entienda que puede dar lugar al cuidado de un niño en el seno de su hogar” explica Verónica Macedra, Coordinadora del Programa de Acogimiento Familiar de la Ciudad de Buenos Aires. “Esto tiene un valor extraordinario ya que estamos ofreciendo lo más sagrado que todos tenemos” agrega.

Madre en tránsito
Luz Vergara

Luz Vergara es trabajadora social, está casada con Carlos y tienen 6 hijos. Hace 27 años que son familia de acogimiento y alojaron a más de 40 niños con edades y situaciones muy heterogéneas. “Ya de novios con mi marido, soñábamos con poner un hogar y, cuando nació nuestro primer hijo, descubrimos que trayendo niños a nuestra casa, íbamos a cumplir mejor el objetivo que teníamos en mente, así que ahí empezamos. Muchas cosas no me las imaginé, pero las volvería a vivir todas las veces que fuese necesario” relata.

“Hay que animarse, ¡se puede!” dice Luz a las familias que se plantean si “no será mucho” o “cómo vamos a hacer”. “Una vez que estás en el baile, es maravilloso. Lo más lindo es ver cómo los vínculos entre padres adoptivos e hijos se construyen durante toda la vida, cualquiera sea la familia. Hay que darse ese tiempo.”

Para Luz ser mamá de tránsito es un proyecto familiar, en el cual con su marido eligen brindarles a sus hijos ciertos valores y dentro de ellos está el de dar amor de familia, por un momento determinado, a los niños que no pueden tenerlo. “La idea es poder ser un puente, un eslabón dentro de la vida de un niño” completa.

“Cuando una familia se acerca para ser parte del cuidado de un niño sabiendo que es transitorio y no deviene en adopción, evidentemente ya pudo construir una opción, un proyecto de familia. Todos los miembros de la familia estarán afectados, integrados e involucrados. No sólo en las tareas de cuidado sino desde lo afectivo, que es lo más importante”, agrega Macedra.

Madre en tránsito
Gabriela Totaro

Gabriela Totaro tiene 3 hijos, el más grande de su primer matrimonio y los dos más chicos con Guillermo, su actual pareja. En sus 5 años como hogar de acogimiento han alojado 4 niños y sido familia de apoyo de otros 3. Las familias de apoyo son personas que colaboran de una u otra forma con las que tienen a resguardo oficialmente a algún bebé.

“Lo que más disfruto de ser mamá de tránsito es tener la posibilidad de cuidar al hijo de otra persona. Porque cuando llega su familia definitiva es un tiempo de regalo. Ese niño siempre fue de esa familia pero pasó por mi casa y me regaló su tiempo” expresa Gabriela.

La despedida, conmovedora y sublime

Y un día llega el tiempo de soltar. Una alegría y agradecimiento profundos invaden los corazones de todos porque por fin ese niño/a volverá con su familia de origen o se encontrará con sus padres adoptivos, con quienes formará una familia para siempre. Aquellos olores, sonidos, colores y caricias que lo anidaron y sostuvieron durante sus primeros meses, ahora se resignifican en un nuevo y definitivo hogar.

Un momento tan esperado y a la vez temido. Muchos se preguntan cómo hace la familia de tránsito para “soportar” la tristeza de desprenderse de ese niño/a tras meses de haberlo alojado en casa y encariñado tanto. “El único sentido que tiene ser mamá de tránsito ES encariñarte. El propósito de este espacio es que el niño sienta ese cariño. Generar ese vínculo, ser esa mamá provisoriamente. Es una situación transitoria pero tiene la intensidad de cualquier otro vínculo mamá-hijo. No hay otra forma de hacerlo” explica Eugenia.

Madre en tránsito
Eugenia Jolivet

“Es una situación transitoria pero tiene la intensidad de cualquier otro vínculo mamá-hijo. No hay otra forma de hacerlo”, continúa.

“Yo no me imagino toda la vida con ese niño, ya tengo a mis hijos. Yo quiero darle todo mi amor hasta que sus padres definitivos se encuentren con él”, dice Gabriela y recuerda una frase que le dijo otra familia de tránsito: “Sabé que cuando se van duele, pero seguramente ya haya otro niño esperándote.”

Por su parte, Luz confiesa: “Lo que más disfruto es la felicidad y la ansiedad de la llegada de un nuevo niño/a a casa. Pero también, y pese a lo que todo el mundo supone que debe ser lo más duro, disfruto cada vez que se van. Para mí es como la frutilla del postre… ¡misión cumplida!”

En los casos en los que se declara el estado de adoptabilidad de esos niños, las familias de tránsito son -nada más ni nada menos- que quienes escriben en el libro de su vida, los capítulos previos a la llegada de su familia adoptiva, esa parte de la historia en la que los padres definitivos no pudieron estar presentes y de la que les estarán por siempre agradecidos.

Cómo ser familia de acogimiento

Para formar parte del registro de familias del sistema de acogimiento familiar, existen algunos requisitos relacionados con la dimensión legal/administrativa y otros con aspectos más subjetivos.

Hace 5 años, representantes de distintos programas de acogimiento de todo el país constituyeron la Red Federal de Acogimiento Familiar. Entre otros avances, ha realizado junto a UNICEF un Relevamiento y Sistematización de Programas de Cuidado Alternativo en Ámbito Familiar (octubre 2018) en todas las provincias argentinas. Salvo cuatro, todas ellas presentan –en diversos formatos- distintos dispositivos de acogimiento familiar.

Por su parte, el Programa de Acogimiento Familiar de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires funciona dentro de la Dirección de Niñez y Adolescencia del Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat. Este sistema busca poder brindarle un recurso de alojamiento a chicos que no pueden permanecer en su propio medio familiar y se encuentran bajo una medida de protección porque algunos de sus derechos están vulnerados.

En ese “mientras tanto”, este programa ofrece un grupo familiar alternativo durante un tiempo –el menor posible- para asegurarle a esos niños su derecho a poder crecer y vivir en familia. Un espacio en el que se garantice su cuidado personalizado en un ámbito familiar que lo cuide, lo mire, lo abrace y lo acune desde su singularidad.

Mails de contacto: [email protected] y [email protected]

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