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Primer Templo Metodista

El actual territorio que abarca hoy la República Argentina, al ser provincias de ultramar de la corona española poseía tres tópicos unificantes: la lengua, la religión y la pertenencia. La lengua era obvio: todos hablaban castellano, los idiomas de los pueblos originarios habían quedado sólo para los diálogos entre las familias y en las casas; la religión era una: la católica. La fe y la corona eran indivisos: se era católico y español y la gran mayoría debería sentirse feliz de ser fieles súbditos del rey de España (por lo menos, eso pensaba el rey). Pero entonces, ¿no había inmigrantes que habitaban estas orillas con otras tradiciones y lenguas? Sí, pero muy pocos y casi todos de origen europeo, por tanto cristianos.

Luego de las invasiones inglesas de 1806 y 1807 algunos de los británicos se quedaron afincados en estas orillas. El comercio, tras la independencia en 1816, creció de manera exponencial con el Reino Unido de la Gran Bretaña. Antes, es cierto, hubo un bosquejo de intercambio comercial entre las provincias de ultramar y Gran Bretaña y algún que otro inglés habitaba por estos lares. Pero a finales de la década de 1820 cada vez más británicos se afincaron en estas tierras.

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Actual Catedral San Juan Bautista del culto Metodista, en Reconquista al 200, plena City porteña

En 1824, el gobernador Martin Rodríguez, por medio de su ministro Rivadavia, firmó un convenio para garantizar la tolerancia religiosa a la población británica que se asentaría en el país. Este dato no es menor, ya se transformó en el primer reconocimiento en nuestro país de la libertad de cultos. Enmarcaba nueve puntos propuestos por los hermanos John y William Robertson, que se comprometieron a traer cierto número de familias europeas para ejercer oficios como la cría de ovejas y demás tareas agrícolas ganaderas. A cambio solicitaron al gobierno tierras al sur de la provincia, así como dinero y útiles de trabajo en préstamo. Como condición, también recalcaron que la colonia debería tener sus propios magistrados elegidos entre los más honorables miembros, su milicia propia y la libre práctica de la religión protestante.

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Interior del primer templo presbiteriano de San Andrés, Piedras 55, demolido para construir Av de Mayo
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Primer Templo Presbiteriano de San Andrés, demolido para construir la Avenida de Mayo

Los primeros escoceses presbiterianos llegarían en 1825. Algunos británicos anglicanos ya vivían en la ciudad y la provincia de Buenos Aires. Dicha comunidad comenzó a organizarse y se construyó un templo entre mayo de 1830 y mayo de 1831, en un terreno que pertenecía al antiguo cementerio de la iglesia Nuestra Señora de la Merced y fue donado por el gobernador Juan Manuel de Rosas. La construcción tenía ciertas restricciones: podía tener torre pero no campanas (en este caso no las tuvo) y un corredor quedaba habilitado a los padres mercedarios. Dicho corredor existe hasta el día de hoy: comunica el convento grande de San Ramón en la calle Reconquista al 200 de la ciudad de Buenos Aires, recorre todo el costado del templo anglicano de San Juan Bautista -declarada catedral, hoy pertenece a la iglesia Episcopal- y desemboca en la calle 25 de Mayo a la misma altura. Para diseñar dicha iglesia fue convocado el arquitecto escocés Richard Adams, que diseñó también el primer templo Metodista -lamentablemente demolido-, que se ubicaba en la actual calle Perón entre San Martín y Reconquista.

La comunidad Metodista construyó otro templo en la actual Av. Corrientes y Suipacha. Siguiendo la misma arquitectura neoclásica, en abril de 1835 la comunidad Presbiteriana escocesa tendrá su primer templo dedicado a San Andrés en la ciudad de Bs. As. Se encontraba en la calle Piedras 55, y para dejar paso a la avenida de Mayo, este templo fue demolido. En 1890 se iniciaron las obras para la construcción de un nuevo templo ubicado en la calle Belgrano (que aún no era avenida) entre Perú y Bolívar, a cargo de los arquitectos Edwin Arthur Merry y Charles Raynes. La obra se concluyó en 1896 y la torre original fue demolida en 1950 debido al ensanche de la avenida Belgrano. Su fachada actual data de 1962. También se ubicaron en Florencio Varela y se construyó un templo presbiteriano dedicado a San Juan, el cual fue declarado monumento histórico provincial pero se incendió y hoy solo quedan ruinas abandonadas. En la localidad de Chascomús, el municipio autorizó a la comunidad protestante un cementerio propio y una capilla, construida en 1872 bajo la advocación de San Andrés.

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Segundo templo presbiteriano de San Andrés sobre vieja calle Belgrano, todavía con sus torres
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Segundo templo presbiteriano de San Andrés: demolición de las torres para el ensanche de la Av. Belgrano
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Templo Presbiteriano de San Andres actual sin las torres

Los galeses llegarán el 28 de julio de 1865. Eran 153 colonos que desembarcaron en Punta Cuevas, donde hoy está Puerto Madryn. Venían a bordo del velero Mimosa desde Liverpool a la Patagonia. Huían de la imposibilidad de ejercer el culto reformista. Pero fueron engañados; les habían hecho creer que las tierras de la Patagonia eran como las tierras bajas de Gales. En el hostil ambiente de la Patagonia fundarán varias colonias y pueblos, y el centro de todos ellos será la capilla, la cual tendrá varios usos. Hasta el día de hoy muchas de ellas se conservan y los oficios siguen siendo en galés y castellano. Sus coros son muy famosos (también lo son sus tortas y tés….) como así la conservación de las tradiciones galesas y su idioma.

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Capilla anglicana de Dolovan, erigida por los colonos galeses en la Patagonia

Hasta ese momento el gran grupo inmigratorio que se esparcía por todo el territorio eran, en su gran mayoría, galeses en el sur e ingleses en el centro del país. Eran bastante tolerados por la sociedad porteña en los lugares donde se afincaban. A fines del S. XIX y principios del XX, miles de inmigrantes fueron empujados hacia la República Argentina por diversos motivos. Y no eran mayoritariamente británicos. Lenguas, dialectos, costumbres y tradiciones se unían a llegar en un solo sitio: el “Hotel de Inmigrantes” y allí los recibían con comida en abundancia, orden y limpieza absoluta para, desde allí, partir a la nueva vida en el nuevo mundo.

Lo que no les decían cuando se embarcaban hacia la Argentina y en el “Hotel de Inmigrantes” es que, una vez que dejaran ese ámbito portuario, las cosas cambiarían y no serían tan bien recibidos como les hicieron creer. Fueron despreciados, humillados y muchas veces traicionados y estafados. Los que se quedaban en la ciudad de Buenos Aires, eran mirados por la “Sociedad Porteña” con cierto resquemor. No hablaban castellano perfecto, ni ingles ni francés; en su gran mayoría eran italianos (con sus dialectos), españoles -sobre todo gallegos-, armenios, libaneses, sirios y judíos venidos de Rusia y Turquía (sefaradíes y askenazi) y sirios musulmanes.

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Iglesia Noruega, hoy demolida

La Argentina no estaba preparada para recibir inmigrantes de otros continentes más allá de Europa. El gobierno argentino esperaba grandes contingentes de nórdicos y alemanes, además de británicos. La Constitución Nacional lo estableció muy claramente en su artículo 25: “El Gobierno federal fomentará la inmigración europea; y no podrá restringir, limitar ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias, e introducir y enseñar las ciencias y las artes”. Este artículo de la ley máxima de la Nación todavía está vigente y en la reforma del año 1994 no se abolió. Es decir que, desde nuestra máxima ley, no somos receptivos a las culturas no-europeas.

Como sea, cada grupo de inmigrantes trajo su cultura y tradiciones y para no perderlas y defenderse ante una Argentina hostil crearon “sociedades de socorros mutuos” de las más variopintas regiones de Italia, España, Líbano, Siria, Armenia, etc… también “centros” y teatros, hospitales y, por supuesto, templos. Por ejemplo, en la ciudad de Bs. As., tenemos la iglesia de la comunidad católica italiana, alemana, polaca, y demás comunidades.

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Iglesia Sueca en el barrio de San Telmo

Ya advertimos que la corriente de la Reforma se había afincado en nuestro territorio. Anglicanos, metodistas, presbiterianos, luteranos, calvinistas, bautistas y demás fueron abriendo templos en la ciudad de Buenos Aires y en muchos lugares del país. Luego llegaron los cultos “nacionales” reformados como las iglesias dinamarquesa, sueca, danesa, alemana, Noruega (hoy lamentablemente demolida, obra del arquitecto Alejandro Christophersen). Todas ellas ubicadas cerca del puerto, para poder dar cobijo y asistencia a los marineros que llegaban a Buenos Aires desde aquellos países y podían asistir a oficios en sus lenguas nacionales y también en español. El primer templo luterano de habla totalmente hispana en Sudamérica se estableció gracias a la iniciativa del Sínodo del Este de Pennsylvania, que a su vez era parte del Sínodo General de la Iglesia Evangélica Luterana en los Estados Unidos. Su piedra fundamental fue colocada el 6 de mayo de 1920, y hoy es la Congregación del Redentor, ubicada en Villa del Parque. Más tarde fueron arribando muchos más de las iglesias reformadas.

También, como enumeramos, llegaron inmigrantes, griegos, rusos, sirios, serbios, ucranianos muchos de ellos cristianos ortodoxos. Estos al principio, concurrían a los oficios de la única iglesia ortodoxa de Buenos Aires y de la República Argentina. El templo de la Santísima Trinidad, perteneciente a la Iglesia Ortodoxa Rusa, ubicado frente al porteñisimo Parque Lezama, fue inaugurado en 1901. Poco a poco cada comunidad fue construyendo sus templos de acuerdo a su tradición ortodoxa y los respectivos centros donde celebraban sus fiestas patrias y sus tradiciones. Desde la ciudad de Buenos Aires muchos partieron a otras regiones del país, sobre todo al litoral, Tucumán y al norte. Allí también llevaron sus tradiciones y sus cultos. La comunidad armenia también tiene sus centros de encuentro y luego de su llegada a Buenos Aires, desde su catedral de de San Gregorio, el Iluminador; aquellos que pertenecen a la Iglesia Apostólica Armenia fueron irradiándose por todo el país.

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Iglesia Ortodoxa Rusa de la Santísima Trinidad

Desde oriente no sólo llegaron los ortodoxos, sino también los católicos orientales. La iglesia Católica no posee un solo rito monolítico como la gran mayoría cree, sino que la misma está compuesta por una Iglesia Latina u occidental y las Iglesias orientales (estas sumarían casi 23). De los ritos latinos, en la Argentina sólo se practica el romano que es el que la mayoría conoce. Pero los orientales poseen sus catedrales y parroquias de sus ritos: Antioqueno (los Maronitas), el rito Bizantino (que en la Argentina está representado por el rito Ucraniano y el Melquita). Y los Armenios Católicos. Como dato anecdótico, en la ciudad de Buenos Aires la iglesia Católica posee cuatro catedrales: la de rito latino o romano frente a Plaza de Mayo, la de rito bizantino, la maronita y la armenia. Y la ciudad de Córdoba posee dos: la de rito Latino y la Melquita. Todas ellas son fieles a la Sede Apostólica de Roma.

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Iglesia Armenia Catolica Nuestra Señora de Narek

Por último, comenzaron a llegar grandes corrientes inmigratorias latinoamericanas (en su mayoría católicos de rito latino) cada una con sus “virgencitas” y “santitos”, sus fiestas coloridas y maneras de celebrar. Y también del lejano oriente: chinos y coreanos principalmente, que fueron sumando sus tradiciones a las nuestras, como ser el festejo del Año Nuevo Chino y la Iglesia de los Mártires Coreanos.

Al crecer la sociedad, las fronteras van desapareciendo. Al fin y al cabo todos somos inmigrantes, migrantes y peregrinos que pasamos por la tierra por poco tiempo, para después, dejar el lugar a otros.

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