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Horacio Rodríguez Larreta y Lucas Delfino

Ellos siempre fueron ese oscuro objeto del deseo (con perdón de Luis Buñuel) para cualquier dirigente con aspiración de ganar elecciones, decisivos porque mantienen el contacto más cercano con la gente, aunque a veces cargan con la mala fama de los barones del conurbano (con perdón de Axel Kicillof).

Ellos son los intendentes, que ahora vuelven a estar de moda: un sector del Frente de Todos quiere devolverles la reelección indefinida para congraciarse con ellos ante las elecciones de 2021 e incluso un jefe comunal como Jorge Ferraresi, de Avellaneda, fue elegido como nuevo ministro de Vivienda y está secundado por Santiago Maggiotti, intendente de Navarro. Se sumaron al gabinete que también integra el ex intendente de San Martín Gabriel Katopodis, ministro de Obras Públicas, y en el que Mariano Cascallares (ex intendente de Almirante Brown) es secretario de Obras Públicas.

Pero el oficialismo no es el único que coquetea con ellos. Lucas Delfino, de 36 años, es subsecretario de Cooperación Urbana Federal del gobierno porteño y uno de los integrantes del equipo de Horacio Rodríguez Larreta dedicado a la interlocución y el contacto con los intendentes, tarea que comparte con el secretario general del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Fernando Straface; el ministro de Gobierno, Bruno Screnzi, y el subsecretario de Gobierno, Mauricio Colello, más el secretario general del PRO, Eduardo Macchiavelli, como responsable del diálogo político.

Rodríguez Larreta dialoga prácticamente todas las semanas con un puñado de intendentes de todo el país, en una iniciativa en la que se mezcla la gestión y la política. La semana pasada, para potenciar esos contactos, el jefe de gobierno y Delfino lanzaron la Plataforma de Cooperación Urbana Federal, desde donde se propone “promover el intercambio de prácticas de gestión de las ciudades argentinas”.

Horacio Rodríguez Larreta, Lucas Delfino y los intendentes de las ciudades de Salta y Luján de Cuyo
Rodríguez Larreta y Delfino, con el diputado radical Fabio Quetglas y los intendentes de las ciudades de Salta, Bettina Romero, y de Luján de Cuyo, Sebastián Bragagnolo

Delfino, ex candidato a intendente de Hurlingham, es todo un especialista en el tema: entre 2015 y 2019 acompañó a Rogelio Frigerio como subsecretario de Asuntos Municipales del Ministerio del Interior, desde donde organizó el Encuentro Nacional de Intendentes, que reunió a más de 1800 jefes comunales con Mauricio Macri, y fue el impulsor del Ranking de Municipios, una herramienta para medir las gestiones, evaluar el desempeño y mejorar las políticas públicas de 274 comunas.

Como fruto de su experiencia, este licenciado en Ciencias Políticas presentó en marzo de 2019 su libro “La Revolución de los Municipios”, donde desarrolla su tesis de que los intendentes tienen cada vez una mayor importancia en la política y da un ejemplo contundente: hasta el año 2000, la Argentina no había tenido un jefe comunal como presidente de la Nación, pero desde entonces hubo cuatro jefes del Estado con ese origen: Fernando de la Rúa, Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner y Mauricio Macri.

-¿Para qué lanzaron la Plataforma de Cooperación Urbana Federal? ¿Es una suerte de lanzamiento político de Rodríguez Larreta entre los intendentes?

-No, en realidad venimos realizando un trabajo durante todo este año en el que hicimos mucho hincapié en lo que es la cooperación de las ciudades para demostrar cómo las buenas prácticas de diferentes municipios, gobiernos provinciales y la Ciudad de Buenos Aires se pueden potenciar si hay diálogo. La pandemia nos permitió, a través de la virtualidad, dar gran escala a toda esta conversación entre ciudades y por eso creamos un “conversatorio” entre ciudades mediante esta plataforma. Si uno entra allí se puede encontrar con visiones específicas sobre diferentes políticas públicas, pero también hay un mapa de la Argentina con más de 50 iniciativas cargadas y contadas por los propios intendentes. Al país le hace falta mucho diálogo, y el interior con lo porteño está tan disociado como muchas otras grietas que tiene nuestro país. Por eso la importancia de estos diálogos sin pensar en la cuestión electoral, pero sí para que vayan generando un conocimiento. Así se bajan prejuicios y barreras: se encuentran intendentes importantes del norte del país para charlar con Horacio sobre cuestiones de gestión y se dan cuenta de que tienen una visión del país bastante parecida.

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Rodríguez Larreta y Delfino, en la presentación de la Plataforma de Cooperación Urbana Federal

-Su cargo actual es similar al que desempeñaba en el Ministerio del Interior durante el gobierno de Macri. ¿Qué diferencia nota en la relación que tenían antes el gobierno nacional y los intendentes y la que existe ahora? ¿Cómo es el clima entre los jefes comunales?

-La impronta que le quisimos dar a nuestro trabajo era la del presidente Macri y centralmente de Rogelio (Frigerio): estar mucho en el territorio, entender que cualquier intendente o gobernador había sido elegido por sus vecinos y que no hay un intendente más importante que otro más allá de que tenga un municipio de 8 mil habitantes o de un millón. Estoy muy orgulloso del trabajo de vínculo con los municipios: hemos llevado obra pública a cada rincón de nuestro país y nunca hubo una mirada sectaria ni partidaria a la hora de llevar adelante un proyecto. Cuando yo iba con una propuesta para una obra, Frigerio jamás me pregunto de qué partido era el municipio sino a cuánta gente impactaba, si tenía el proyecto ejecutivo bien realizado. Se le quiso dar una mirada de política de Estado y una de las buenas cosas para destacar del gobierno de Macri ha sido el federalismo. Al momento de asumir teníamos 19 provincias que no podían pagar los sueldos y nos fuimos con más de 20 que tenían superávit. Hubo una transferencia de recursos muy grandes y una cantidad de obra pública real, concreta, que empezó y terminó en todo el país. Hoy, por lo que me dicen los intendentes, no sucede lo mismo. Hay un caso concreto: hace poco la Secretaría de Asuntos Municipales, con el ministro del interior y el Presidente lanzaron un programa de unos 1.000 millones de pesos, parecido al que yo coordinaba hacia los municipios, pero ahora hay un sesgo claramente partidario: arriba del 80 u 85% de los 160 municipios que iban a ser beneficiados son del oficialismo. No contribuye porque uno no puede perjudicar a un municipio o a una localidad porque el intendente sea de otro color político.

-También hay cuestiones estructurales para resolver en ese aspecto.

-Exacto. Por ejemplo: de qué se debe hacer cargo un municipio, las provincias y el gobierno nacional. En los últimos 20 años hubo un centralismo tan grande que el gobierno nacional se terminó haciendo cargo de todo. ¿Tiene sentido que el gobierno nacional haga tres cuadras de asfalto en Charata, Chaco? ¿O debería ser una potestad del municipio? Y el municipio dirá que no tiene recursos y la provincia quizá decida otra cosa. El siguiente paso que habíamos planificado con Rogelio era empezar a discutir atribuciones. Hubo recursos para provincias que se hicieron cargo de muchas más cosas, hubo un federalismo real en los hechos, pero falta discutir en la Argentina de qué se hace cargo cada uno: de cada 100 pesos que recaudan los diferentes gobiernos, 95 se los queda el gobierno nacional o provincial. Y sólo 5 o menos va al municipio, pese a que, más en esta pandemia, tienen un rol central y cada vez tienen más responsabilidades, mientras sus presupuestos son cada vez más limitados.

-¿Por qué está siendo revalorizado el papel de los intendentes? No es casual la función que ejerce usted en el gobierno porteño o la asunción de Jorge Ferraresi como ministro en el gobierno nacional. ¿Es sólo una cuestión de gestión en medio de las dificultades que tiene la Argentina o responde a una necesidad política por las elecciones del año que viene?

-Hay un tema importante en lo gestual para mostrar que amplían la sustentación política. Para cualquier gobierno es importante sumar un gobernador o un intendente porque le muestra más robustez, pero, además, los intendentes tienen mucha intuición a la hora de gestionar, ejecutar y manejarse en la política territorial. Y esa fue una de las cuestiones que más nos faltó dentro del gobierno nacional, entender que la Argentina tiene que ser un mix: no puede ser sólo la política por la política misma, o sólo el método y burócratas que están muy lejos del territorio. Lo que tiene que venir en la Argentina son funcionarios que tengan ese tacto de lo que está pasando en la calle, porque la política pública si no transforma y no le cambia la vida a la gente, no sirve para nada, pero también tienen que tener la capacidad de poder gestionar. Más allá de cuestiones ideológicas, lo que queda expuesto es la poca eficiencia del kirchnerismo para gestionar el gobierno nacional. Y si uno piensa lo que fueron los primeros diez años kirchneristas, hubo una enorme cantidad de recursos que tuvo el Estado Nacional para solucionar problemas estructurales en nuestro país. La administración de Macri hizo muchísimo más con mucho menos: nadie discute la obra pública, los aeropuertos, la cantidad de autopistas, puertos, agua y cloaca, la urbanización de villas.

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Delfino, con Mauricio Macri y Rogelio Frigerio, en el Segundo Encuentro de Intendentes

-Pero el gobierno nacional sí discute esas obras y no las reconoce. Si ustedes tienen los números, ¿por qué desde Juntos por el Cambio no hay respuestas muy contundentes? ¿Qué le pasa a la oposición? ¿Hay un sector al que le cuesta defender lo que hicieron?

-Juntos por el Cambio es muy amplio, muy diverso, y hay varios sectores y representantes. Tiendo a ubicarme en una síntesis entre los dialoguistas y los del ala más dura. Hay que plantear algunas cosas graves con las que no estamos de acuerdo, como la liberación de presos, la reforma de la justicia o la expropiación de Vicentin, y después hay que tener abiertos los canales de diálogo porque estamos atravesando un momento muy difícil en el medio de una pandemia mundial y en la Argentina va a tener un impacto mucho mayor por mala praxis. El país viene de hace diez años de una situación económica muy delicada, con una inflación alta, déficit, desocupación y pobreza muy altas, y hoy tenemos una situación mucho más compleja, con un dólar paralelo que está muy elevado, inflación que se mantiene en esos estándares y cuatro millones y medio de nuevos desocupados. La respuesta del Gobierno es decir: “No hace falta un plan económico”. Está un poco desorientado. ¿Qué tenemos que hacer como oposición? Estar muy firmes en las cuestiones que creemos que son importantes, y en el resto, marcar nuestras diferencias, pero ser oposición constructiva en las cuestiones que podemos construir. Vamos a tener una oportunidad de hacer una gran elección en 2021 y probablemente de volver a ganar en 2023. Tenemos que construir algo diferente porque no es sólo llegar a ganar una elección sino que tenemos que llegar con el diálogo suficiente para armar un gobierno mucho más grande, para poder solucionar los problemas estructurales que tiene la Argentina desde hace muchos años y que son recurrentes. Todos los países tienen problemas, pero en la Argentina tenemos los mismos desde hace 50 o 60 años. Hace poco participé en un evento por el nacimiento de Rogelio Frigerio y me di cuenta de que los discursos de Frondizi encajan perfecto en la realidad argentina actual, pero asumió en el 58 y ya pasaron 62 años. Bueno, es la Argentina que tenemos. ¿Hay que eliminar la grieta? Yo creo que sí y para eso necesitamos generar una clase dirigente que tenga la capacidad de tener diálogo, pero no podemos discutir la propiedad privada. Y hay algunos dirigentes en la Argentina que discuten la propiedad privada.

-Ya que hablamos de discusiones, ¿tienen solución las diferencias internas en Juntos por el Cambio? ¿Pueden convivir en un mismo espacio liderazgos como el de Macri y el de Rodríguez Larreta, o se tiene que resolver esa rivalidad en favor de alguno?

-Todavía es pronto. Hace un año que Mauricio dejó de ser presidente y es el único ex presidente de nuestro espacio, entonces es inevitable que tenga un rol preponderante. A Frondizi le costó 30 años que le reconozcan algo. Al gobierno de Mauricio se le van a reconocer muchas cosas que hizo, más que nada por lo que vino después. No solamente por la pandemia sino por la falta de gestión. Creemos que vamos a tener una oportunidad como Juntos por el Cambio para gobernar la Argentina en 2023. Hay una serie de buenos candidatos que pueden representarnos. El liderazgo del espacio lo tiene Macri, aunque no quiere decir que vaya a ser candidato. Después tenemos a Horacio y a María Eugenia por nuestro espacio y el radicalismo tiene buenos candidatos como (Alfredo) Cornejo o Martín Lousteau. A Horacio lo veo dialogando con Mauricio, dialogando con todos, lo veo más como un punto de intersección entre las diferentes partes que jugando por un ala interna. Lo veo como un componedor, alguien que le dedica mucho a la política. No hay que adelantarse: Horacio va a estar abocado a la gestión y el año que viene, a la elección de la Ciudad de Buenos Aires y del PRO. Para 2023 falta mucho y todavía no sabemos si en 2021 habrá PASO o no, si los intendentes se van a reelegir o no. Las elecciones de medio término tampoco son tan determinantes para lo que pase después. Veamos lo que pasó en 2013 y en 2017. Es más importante tener mayor presencia de diputados por la avanzada del oficialismo que por una cuestión simbólica de cara al 2023.

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Delfino elogió tanto a Macri como a Rodríguez Larreta

-¿Está de acuerdo con la suspensión de las PASO?

-Si lo único que discutimos es la suspensión de las PASO, me parece que, una vez más, es un aprovechamiento electoral. Las PASO están bastante institucionalizadas. Deberíamos ver qué marco tienen para que sean todavía mas útiles, pero antes que las PASO, si queremos modificar algo, vayamos a la boleta única de papel, terminemos con la lista sábana. Sabemos lo que representa en el conurbano fiscalizar, repartir la boleta, la complejidad que tiene, el gasto que representa. Nosotros presentamos una reforma política cuando estaba Adrián Pérez como secretario de Asuntos Políticos del Ministerio del Interior. No hubo ningún tipo de consenso. Creíamos que lo mejor era la boleta única electrónica, que se votaba de manera digital y aparte estaba el respaldo en papel, que uno lo dejaba en una urna y permitía chequear el voto si había alguna discusión. Si no es ese modelo, pongamos otro, pero no podemos seguir votando como hace 40 años. Las PASO son una buena herramienta que podríamos hacer mucho menos onerosa para el país en un contexto como éste, pero hay que discutir el fondo de la cuestión y no esto. Lo que no puede pasar es que el gobierno de turno cambie la forma en que votamos de acuerdo con sus intereses o sus necesidades.

-¿Cuál es su postura sobre la reelección indefinida de los intendentes? ¿No le conviene a la oposición? ¿O no le conviene a La Cámpora, que quiere esos puestos?

-Entre 1983 y 2015, de todos los intendentes del conurbano que se presentaron a reelecciones, el 90% la consiguió. La ley actual, que impide la reelección indefinida, está planteada para tratar de que haya alternancia en los diferentes distritos cuando existe un sistema que se pervirtió, se contaminó, y teníamos intendentes que estaban 15, 20 o 25 años en el poder. Eso claramente no favorece a los vecinos, a la ciudadanía ni a la democracia. La ley es clara: dos mandatos es más que suficiente para un intendente y si tiene una buena gestión puede dejar algún buen funcionario que lo represente y que defienda su gestión. No sé cómo se va a resolver y hay que ver la dinámica interna del oficialismo: existen nuevas generaciones que quieren irrumpir y ven en el conurbano un lugar de mucho interés. Está muy bien que todos los cargos ejecutivos tengan su límite de mandato. Dos es más que correcto. Pero otro tema son los mandatos legislativos. Los buenos legisladores en democracias muy consolidadas, como la inglesa o la norteamericana, son los que llevan muchos años en su cargo. El caso de Biden es un ejemplo porque fue legislador durante casi 30 años. La ley de María Eugenia (Vidal) es uno de los hechos más significativos de su gestión: nadie se animaba a hacerlo, oxigena y por lo menos iguala la cancha del conurbano bonaerense, que es parte del problema de la Argentina.

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El actual funcionario porteño, en la presentación del Ranking de Municipios cuando trabajaba con Rogelio Frigerio

-¿En qué medida es parte del problema?

-El país nunca va a tener una agenda de desarrollo si no podemos solucionar el conurbano bonaerense. Y aquí planteo otra inquietud que es para debatir: probablemente haya que dividir la provincia de Buenos Aires. Si la dividimos en cuatro, serían las cuatro provincias más grandes de la Argentina. Tenemos una sola provincia de Buenos Aires, que tiene tres senadores, igual que Tierra del Fuego, y que está muy subrepresentada con los diputados, y, además, no tiene rasgo identitario: nadie dice que es bonaerense. El problema de la provincia de Buenos Aires tal vez no sean Ruckauf, Solá, Vidal o Kicillof, sino su armado institucional. Lo que tenemos a empezar a discutir es esto y cómo, si se hace una división, no se profundizarán las asimetrías y empezamos a destrabar esto.

-¿Este tema lo habló con Rodríguez Larreta? ¿Qué posición tiene?

-No tiene una postura tomada, pero cree que hay problemas estructurales de la Argentina macrocefálica como el área metropolitana y, específicamente, lo que sucede con el conurbano. Hoy, la pandemia nos puede dar una oportunidad para desarrollar ciudades medias, de entre 50 mil y 300 mil habitantes. Existen alrededor de 100 ciudades de estas características. Como actualmente hay nómades digitales, turismo permanente y teletrabajo, la gente quiere estar más cerca del verde. Podemos empezar a diagramar una política productiva de nuestro país pensada de manera demográfica, que se tiene que poblar de una manera diferente, que se potencien estas ciudades para que industrias o fábricas se vayan instalando y cada una pueda tener un valor agregado por su lugar geográfico, por la gente que vive ahí. Un ejemplo: en, Godoy Cruz, Mendoza, se está armando un polo tecnológico y empieza a haber migración de industria del conocimiento o de jóvenes a vivir a Mendoza para trabajar en este pueblo tecnológico. Tenemos que insertarnos en el mundo, no pensar en programas que ya fracasaron hace 100 años. Hace poco el Presidente dijo que había que dividir en parcelas los terrenos fiscales del Estado para la agricultura familiar. No, no, el mundo va para otro lado. Tenemos que armar un plan productivo de desarrollo con la industria del conocimiento como faro y al sector agroindustrial, que necesitamos y que es de los mejores del mundo, tecnifiquémoslo más, veamos cómo podemos producir donde no se produce, generemos más riqueza. No tenemos que hacer un parcelamiento que la humanidad ya discutió hace un siglo y medio.

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