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Jorge Faurie, ex canciller de la Nación (Guille Llamos)
Jorge Faurie, ex canciller de la Nación (Guille Llamos) (Jorge Faurie/)

Mientras el gobierno de Alberto Fernández asegura que desea acercar posiciones con el flamante presidente norteamericano, Joe Biden, algunos episodios recientes generaron malestar en Washington y amenazan con enfriar la relación bilateral.

Al fallido saludo por la asunción presidencial -en el cual la Cancillería instaba a Biden a no “apostar a la desunión” entre las naciones como, según esa cartera, lo venía haciendo hasta entonces la anterior administración-, esta semana se sumaron dos nuevos hechos que generaron tensión: por un lado, el Gobierno no dejó atracar en puertos del país al buque más moderno de la Guardia Costera norteamericana; por el otro, la Cancillería manifestó su “grave preocupación” por las operaciones de un submarino nuclear en el Atlántico Sur con apoyo británico.

Según el ex ministro de Relaciones Exteriores, Jorge Faurie, ambos gestos no pasarán inadvertidos en la arena diplomática y muestran que la Argentina no logra mantener una posición “equilibrada” entre las dos principales potencias mundiales: China y Estados Unidos.

“El Gobierno siente una necesidad de acomodar la política exterior al debate interno”, dijo el ex canciller de Macri, en una entrevista con Infobae.

El USCG Cutter Stone a su llegada al puerto de Montevideo el 25 de enero
El USCG Cutter Stone a su llegada al puerto de Montevideo el 25 de enero (EFEI0342/)

— ¿Cómo ve en términos generales la política exterior del gobierno de Alberto Fernández?

— Durante el último año hemos perdido la capacidad de hablar con todos los interlocutores que necesitamos. Porque para tener acceso a los mercados, por ejemplo, los países requieren de diálogo constante e interacción en función de los intereses mutuos. En cambio ahora estamos mal con Brasil, mal con Uruguay, con Chile, no hablamos con Perú. Y la principal relación que tenemos, que es México, hasta el momento no se ha traducido en nada palpable.

— ¿Se está aprovechando el escenario favorable que implica la salida de Donald Trump en Estados Unidos?

— Con Estados Unidos hemos estado en franca contradicción durante la administración de Trump. Sin embargo, la llegada de Joe Biden se hizo con una lectura excesivamente optimista. Al mismo tiempo, tenemos nuestro vínculo histórico con China, que estratégicamente nos tiene desbalanceados. Está claro que la Argentina tiene una relación muy fuerte con una de las dos superpotencias. Es una relación que parte de nuestras necesidades económicas, financieras y comerciales, que van desde el swap de monedas hasta la exportación de gran parte de nuestra producción agrícola. En ese escenario, está claro que Estados Unidos y China tienen una pugna económica, tecnológica y de supremacía militar que en las próximas décadas seguirá muy candente.

— ¿Qué consecuencias tienen en este contexto gestos como la negativa a que atraque el buque de la Guardia Costera y las quejas de la Cancillería por la presencia en el Atlántico Sur de un submarino nuclear?

— Se inscriben en este panorama. Tengamos en cuenta que el buque vino descendiendo y se detuvo en todos los países, pero llega a la Argentina y le dicen “no puede entrar”. Ese barco también iba a recabar información sobre el accionar de los pesqueros chinos que depredan nuestros recursos en la milla 201. Es un gesto, al igual que el comunicado por el submarino. Estos gestos se leen como que no estamos siendo equilibrados. Como Argentina le da a China todo el comercio y a Estados Unidos le pide ayuda para resolver su situación financiera, tiene que caminar de forma equidistante.

— ¿Cree que la negativa a que llegue el buque obedeció a un pedido expreso de China?

— La Prefectura había aceptado esta visita de cortesía y después en algún nivel del Ministerio de Seguridad, o tal vez incluso por encima de Sabina Frederic, lo pararon. No creo que China lo haya pedido expresamente, pero quizás sí muestra una inclinación. Lo negativo es que China está siendo depredadora de nuestros recursos y ni siquiera hemos sabido capitalizar en parte esa situación: pronto esos barcos pesqueros van a venir al puerto que Uruguay está construyendo en Punta Yeguas para procesar su producción. Podríamos haber capitalizado esa situación y que vinieran a un puerto argentino.

— ¿Qué cree que debería hacer Argentina ante el accionar de los pesqueros chinos?

— Primero, hay que tener equipamiento naval pero históricamente, desde el retorno de la democracia, las Fuerzas Armadas han ido perdiendo presupuesto y equipamiento. Nuestra Armada no tiene capacidad operativa.

— ¿Pero qué se puede hacer si están más allá de la milla 200?

-Están en una marcación permanente. Lo más importante es sancionar a los que incurran en irregularidades, pero acá cuando es un pesquero chino se arma un revuelo bárbaro, como cuando se hundió uno en 2016. Tendría que ser una actitud en la que todos estamos de acuerdo. Además, políticamente no le estamos diciendo a China que tenga cuidado en este asunto porque nos compra nuestros productos. Nuestra política debería residir en poder mantener una clara equidistancia.

(Foto: Franco Fafasuli)
Pesqueros chinos cerca de las aguas argentinas (Franco Fafasuli/)

— ¿Qué resultados ha tenido hasta el momento la política de alianzas regionales de Alberto Fernández? Especialmente su cercanía con el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador.

— México tiene clarísimo que sus intereses vitales están con los Estados Unidos porque tiene mucha población allí, recibe muchas remesas, y su industria trabaja para el mercado norteamericano. AMLO mantuvo una relación próspera con Trump a pesar del muro y hoy festeja que frenaron su construcción. Además, México históricamente siempre ha desconfiado de la Argentina. Y con los demás países de la región hemos perdido un diálogo que estaba muy aceitado. Por ejemplo, con Brasil.

— ¿Las diferencias ideológicas son un obstáculo insalvable?

— Hay diferencias ideológicas con Bolsonaro pero no pueden impedir tener un diálogo fructífero. El problema es que los mensajes son contradictorios. El otro día hubo un diálogo telefónico entre Alberto Fernández y Bolsonaro, pero después nuestro presidente aceptó ser el orador de un encuentro organizado por Lula. Nunca se sabe dónde va a estar la Argentina y eso a nuestros socios los desorienta. Otro ejemplo: es obvio que Argentina podría tener un rol en nombre de los países de la región para dialogar con Nicolás Maduro, pero ese diálogo no se quiso reconocer. Dialogan en Chile y después dicen “no dialogamos sobre esto (Venezuela)”. El Gobierno siente una necesidad de acomodar la política exterior al debate interno. Y así quedamos en un discurso de internas.

— ¿Cree que estas acciones recientes de política exterior terminan siendo guiños para sectores de la coalición?

— Si, hay un ala de la coalición que no quiere diálogo con Estados Unidos, con la Unión Europea, que dice que la deuda es ilegítima, etc. Pero, por ejemplo, la deuda ya era inmanejable al final del gobierno de Cristina Kirchner; lamentablemente no se la logró atenuar durante el gobierno de Macri. Durante los cuatro años de Cristina salieron la misma cantidad de fondos que con Macri.

— Los presidentes de Brasil y Uruguay están pujando muy fuerte para flexibilizar el Mercosur. ¿Cómo cree que terminará esta suerte de disputa al interior del bloque regional?

— Es un tema que se ha discutido largamente y ha estado muy presente durante la gestión de Macri. Esta discusión se frenó a fines de 2019 con los cambios de gobierno y ahora lo volvemos a tener pendiente porque el Mercosur sigue siendo un espacio altamente cerrado. A partir del 2000 empezaron a ser centrales los acuerdos regionales. Pero el Mercosur se quedó afuera por su alta barrera arancelaria y por la inflexibilidad para adecuarnos. Tenemos aranceles para algunos productos del 16% cuando otros bloques tienen el 8 por ciento. Argentina ahora no quiere discutir la competitividad de nuestra economía, porque requiere un diálogo con el sector productivo, los sectores protegidos, el sector sindical. Tenemos un problema porque dos presidentes ya avisaron que quieren ir más rápido por esa vía. El Mercosur tal cual lo tenemos es ineficaz, entonces tenemos que dar esa discusión. Necesitamos que nos sirva para estar vinculados al comercio mundial.

— ¿Cree que la relación con Bolsonaro va camino a mejorar o todo lo contrario?

Scioli está haciendo un muy buen trabajo para mantener a ambas partes dialogando, pero tenemos que hacer contribuciones mutuas. Somos como dos amigos muy distanciados. El diálogo hay que cultivarlo y tener conciencia de que ninguno de los dos países tiene todas las respuestas correctas.

— ¿Es factible que el Gobierno logre un acuerdo con el FMI lo suficientemente flexible como para ser implementado en un año electoral?

— Guzmán está haciendo su mejor esfuerzo para conseguir un acuerdo razonable. El Fondo nos va a pedir que hagamos adecuaciones que son ineludibles para recuperar capacidad de pago. En un año electoral puede ser difícil pero Argentina no tiene otra fuente de financiamiento porque nuestra capacidad de cumplir con nuestros compromisos está cuestionada internacionalmente.

— ¿Cómo ve el desempeño de la Cancillería en general?

La Cancillería está paralizada. Lo más importante es que la diplomacia hable. En eso consiste ser diplomático. Hay que dar argumentos razonables y mantener un diálogo aceitado, pero no pasa por decir solo tu verdad sino por escuchar a la contraparte para llegar a puntos de acuerdo. La Cancillería ha estado muy inactiva. Se necesita que las embajadas estén funcionando a pleno, pero los propios argentinos se quejan de que no los atienden siquiera por problemas consulares.

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