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comisario Meta la doce barra de boca
Meta en un operativo y la Doce, con la que trabó relación

A la Justicia le cuesta entender lo que para cualquier hincha que vaya a un estadio argentino le es evidente: que los barras ejercen sus negocios ilegales y su grado de violencia gracias a una importante connivencia policial. Recién ahora en Tribunales parecen tenerlo defintivamente claro: tras ser desestimado su último recurso, el ex comisario Eduardo Meta, histórico jefe policial de la seccional 24, la que tiene jurisdicción sobre la Bombonera, terminó el jueves pasado en prisión tras ser condenado a cuatro años y medio por sus negocios con La 12 que incluían, como quedó probado en el juicio, cohecho, encubrimiento, destrucción de pruebas para ayudarlos a eludir procesos judiciales y enriquecimiento ilícito. Así Meta se convirtió en el primer comisario en quedar tras las rejas por su relación comercial con una barra brava. Veremos si este precedente cambia alguna conducta o la relación de complicidad que se extiende también a la dirigencia política, sindical y deportiva se mantiene incólume.

Meta asumió la titularidad de la 24 en julio de 2004 tras el pase a disponibilidad del jefe anterior, Vicente Cayetano Greco, quién cayó tras la toma de la comisaría por parte de Luis D’Elia y miembros de su Federación de Tierras y Viviendas (FTV), quienes lo acusaban de connivencia con los vendedores de droga que habían asesinado al militante social Martín “Oso” Cisneros, quién se oponía a esa actividad en el barrio. Apenas empezó su tarea, la relación con La Doce, que por entonces dirigía Rafael Di Zeo, se hizo estrecha y aún cuando el popular líder cayó preso en 2007, continuó sus negocios con quienes lo sucedieron, entre ellos el temible Richard William Laluz Fernández, alias el Uruguayo. Ya de entrada se suponía que la chance de que Meta peleara contra los barras parecía escasa: su abogado era Juan Martín Cerolini, quien defendía además a buena parte de La Doce. Para ser más claro: quién debía perseguir a los barras compartía con ellos el mismo estudio jurídico. Suena increíble pero fue real.

Durante su actuación en la comisaría, que duró un lustro, Meta hizo múltiples negocios los días de partido que le permitieron pasar de una vida modesta a una imposible de justificar con su sueldo de policía. De hecho, en cinco años logró comprarse cuatro casas, dos autos, realizar múltiples viajes y tener un nivel de gastos asombroso. Por eso, en el fallo que lo condenó en primera instancia en 2016 y que recién ahora se hace efectivo tras pasar por Cámara y Corte, los jueces del Tribunal Oral 24 escribieron textualmente: “El comisario utilizó su cargo en provecho propio mediante actos de corrupción nada menos que con integrantes de la barra brava de Boca, otro aspecto sensible a la seguridad pública dado los reiterados conflictos e incidentes causados por éstos dentro y fuera del estadio”.

el fallo que confirma la prisión al comisario Eduardo Meta
Extracto del fallo

De los hechos que le probaron, dos nacieron a través de investigaciones periodísticas del diario Olé. Una, la cobertura que le dio al Uruguayo Richard para que, teniendo pedido de captura, pudiera eludir insólitamente a la Policía a cambio de una importante suma. Tamaña impunidad se reflejaba en que el barra se ubicaba en el paravalancha principal al lado de Mauro Martín y Maximiliano Mazzaro, con quienes compartió el poder entre 2007 y 2009, mientras estaba prófugo. Los pagos, según quedó constatado, se hacían en un lugar cercano al Casino de Puerto Madero. Por esta misma cobertura, en ocasión de un partido en la cancha de Vélez y bajo otra jurisdicción, también fue condenado un oficial de la división Eventos Deportivos a dos años y medio de prisión.

El otro hecho se dio tras un partido contra Estudiantes de local, cuando a tres de los máximos integrantes de la cúpula les secuestraron carnets del club, una fortuna en efectivo y armas con silenciador listas para ser disparadas contra sus rivales en la interna. Para mejorar la situación de los barras y como los revólveres habían quedado en custodia en la comisaría 24, mandó a romperles el percutor por un armero, para que quedaran así inutilizadas y no pudieran ser consideradas armas. Gracias a ese truco, los barras recuperaron la libertad y pagaron por ese servicio una cifra en pesos equivalente por entonces a 50.000 dólares. En su momento, cuando estaba vivo y había quedado cuadripléjico por un ataque por la espalda en la guerra interna de la barra cuyo capítulo se desarrolló en la discoteca Cocodrilo, el Uruguayo Richard le contó a este cronista que la Policía era socia de los emprendimientos de La Doce, que aquellas investigaciones eran ciertas y que ellos ingresaban limpios de armas a la cancha para poder pasar el cacheo, pero después algunos efectivos ingresaban los revólveres de la barra a la Bombonera en un patrullero y en el estacionamiento se hacía la entrega a los dueños de la tribuna. Una relación impúdica que ahora tiene su primer comisario entre las rejas y que si la Justicia pusiera de verdad la mira no sólo en el chancho, sino en quienes le dan de comer, tendría muchos más capítulos parecidos a éste.

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