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Gustavo Fernández Australian Open
Gustavo Fernández en el Australian Open (Foto: Sebastian Varela)

Cuenta Gustavo Fernández (27), que después de su explosión mediática de su 2019 de ensueño, decidió aislarse y aprendió a decir que no. Tanta atención de los medios le demandó muchísimo más tiempo del que mentalmente estaba capacitado para dar, y perdió el enfoque que necesitaba realmente. “Yo quería darle bola a todos y después me desenfocaba del tenis y otros aspectos de mi vida”, señala. Se desbalanceó, y así eligió bajar el ritmo en ese aspecto. Su entrenador mental le aconsejó, además, dejar las redes sociales durante las competencias para evitar todo tipo de cortocircuitos. Ese distanciamiento le ha hecho sentirse mentalmente más saludable y en control de sus momentos.

Por los pasillos y las salas comunes de Melbourne Park, Gusti no puede ocultar su bajo estado de ánimo. En el Abierto de Australia iba por la copa y perdió en primera ronda tanto en singles como en dobles. Posterior a su participación en el mejor torneo del calendario según el vox populi de los propios jugadores, se da el tiempo para charlar con Infobae.

“Siendo sincero, estoy golpeado. El 2019 fue un año extraordinario, a alto nivel y con buenos resultados, tres títulos de Grand Slam. A fin de ese año cambié entrenador, entonces, estoy atravesando un proceso de adaptación a este nuevo ciclo. Durante ese tiempo fallaron algunos resultados que me tambalearon un poco. El golpe en Australia fue muy duro, porque aparte de la derrota, estaba completamente perdido en la cancha, que es lo que más me lastima. No es una situación nueva en mi carrera, en todo caso. Hay que hacer el duelo, encontrar los motivos y dar vuelta la página. Cuando apuntas muy alto y no logras el objetivo, la caída es más fuerte”, confiesa el tenista oriundo de Río Tercero.

— El 2019 fue un año muy ganador, y después llegó el extraño 2020 que te cortó la racha.

— Necesito el ritmo, la competencia, el rodaje…y más viniendo de un proceso nuevo. Yo entreno muy duro en lo mental, en lo físico y en lo tenístico, pero después las cosas se tienen que trasladar adentro de la cancha, que es lo más complicado. En la competencia encuentras los parámetros y sacas conclusiones, y lamentablemente los hechos de 2020 no han ayudado en aquello, por los pocos torneos que ha habido. Tampoco es excusa, ¿eh? No quiero que suene así. La pandemia nos afectó a todos, sin embargo, ya estamos retomando y vendrán más chances de competir. Me enfrentaré a más golpes y encontraré respuestas. Estoy preparado.

— ¿Qué tan lejos estás del nivel y la confianza de esa temporada casi perfecta?

— Soy el mismo tenista de hace dos años. El tenis está. Es lo interesante y lo divertido. Tengo que correr el árbol que me está tapando el resto del bosque. Yo no reniego de que me cueste, siempre he sido sumamente mortal. Mi virtud es ser un laburante y yo estoy dispuesto a laburar duro para salir del pozo en que me metí.

— Veíamos a Monfils llorando a principios de este Grand Slam, demostrando lo frustrante que puede ser el tenis.

— El factor más importante en este deporte es el de la regeneración. Punto a punto, game a game, set a set, partido a partido, semana a semana. Es algo que hay que lograr. Ves a algunos que manejan ese arte con mucha facilidad, como Nadal, por ejemplo. Los tenistas tenemos que ser conscientes de que, en nuestra disciplina, todo puede cambiar muy rápido. Esta semana pude haber jugado el peor partido de mi vida, pero después en Rotterdam, quizás juegue el mejor. Es así de dinámico. Hay que estar siempre listo y trabajar. Las victorias no pasan por obra y gracia del Espíritu Santo.

— Has dicho que el éxito no llega por ser el número uno o ganar títulos, ¿Lo aplicas en la cara del fracaso?

— Totalmente. Éxito y fracaso son palabras mal interpretadas. No eres exitoso si ganas, ni fracasado si pierdes. Yo acá a Melbourne vine a buscar el título y perdí en primera jugado mal. ¿Es un fracaso? Para nada. No es tan grave. El buscarle la vuelta, exprimir al máximo tus capacidades y seguir con energía durante los momentos difíciles…eso es ser exitoso. Por más que la pase como el orto porque estoy jugando muy mal, voy a estar tranquilo porque doy todo por hacer lo que me gusta.

— ¿Qué saboreaste de Australia, desde que llegaste a hacer la cuarentena?

— Jamás hay que perder la perspectiva y hay que poner todo en su debido contexto. Si bien la cuarentena fue dura, estábamos en un hotel cinco estrellas, con comida, seguridad y gente preocupada de que estuviéramos sanos. Podíamos salir cinco horas al día a entrenar. Hay que mirar cómo está el planeta, y ser agradecidos por el hecho de poder estar haciendo nuestro trabajo en tiempos demasiado complicados.

— Otros argentinos, aunque bajo cuarentena total, la calificaron como de las “peores experiencias de la vida”.

— Yo no puedo hablar por el resto. Cada cuál opina lo que quiere. Yo creo que la organización hizo un gran trabajo para levantar este torneo. Claramente está bien criticar para poder avanzar y mejorar, pero hay que reconocer lo positivo. Respecto a la competencia, claro que las semanas malas me dejan enseñanzas. Me voy con ganas de volver.

— ¿Por qué dejaste de trabajar con Fernando San Martín?

— Fer es como un familiar. Me enseñó todo lo que sé y sacó lo mejor de mí. Hay mucho aprecio, pero los ciclos se cumplen. Le sacamos el jugo al máximo a nuestra relación profesional y la terminamos con un mutuo acuerdo. Jony (Jonathan Abadie, con quien cumplió un año de trabajo), tiene que tomar la ruta de un entrenador que estuvo conmigo doce años, es un trabajo muy difícil el que le tocó. Y yo, por mi parte, acostumbrarme a una nueva realidad. Hay que encontrar ese feeling que con Fernando tuvimos.

— ¿Qué novedades te aporta?

— Tiene otra mirada del deporte. Si logro mantener lo que trabajaba con Fer y lo nuevo de Jony, puedo mostrar un tenis súper completo. Yo tengo que sacar de mi cabeza lo de trabajar con Fer. Siempre que entro a una cancha de tenis, tengo a Fer en la mente. Me crio tenísticamente hablando. Tengo que terminar de dar vuelta la página de ese proceso.

— ¿Estás exigido lo suficiente?

— Siempre. Pero más allá del entrenador que tenga. Tengo una ambición desmedida, me autoexijo muchísimo. Mis sueños me llevan a eso. Más que desmedida, diría que es muy grande. Como todos me equivoco, pero con la intencionalidad de ir en busca de lo más alto.

— Por el hecho de ser tenista en silla, muchas veces te sentiste despreciado.

— Y, porque no se le termina de aprecias al tenista en silla como el tenista profesional que es. Somos totalmente comparables con el tenista convencional y los preconceptos de la sociedad no ayudan. Despreciado es una palabra fuerte, pero no me molesta decirlo. Como cuando el US Open nos excluyó de la competencia en 2020. ¡Fue una patada en la nuca! No nos vieron como profesionales. Estoy cansado de tener que salir a protestar, pero si no lo hacemos nosotros, yo que tengo más poder de voz, no lo va a hacer nadie. Conceptualmente fue muy duro y por suerte escucharon nuestros reclamos y el torneo se llevó a cabo. Cuando hay injusticias, hay que salir a mojarse, aunque no sea agradable.

— ¿Cómo comparas a Australia y a Argentina y el resto de la región, respecto a esos preconceptos de los que hablas?

— En Argentina se está creciendo mucho y se están rompiendo los paradigmas. Una persona con discapacidad es considerada un igual y ahí tenemos la base. La discapacidad no es un problema y podemos desarrollarnos como persona completamente. Australia creo que es el país que mejor lo entiende. Acá la gente con discapacidad está incluida de verdad…“incluida”, no…realmente es considerado uno más, sin ninguna diferencia. Acá está quitada esa lástima que no lleva a ningún lado. Australia está un paso adelante que el resto del mundo.

— ¿Cómo se cambia la mentalidad de la victimización?

— Así como hice deporte en silla de ruedas, pude haber hecho cualquier otra cosa. “Qué ejemplo por jugar al tenis en silla de ruedas”. No. Yo no soy ejemplo de nada. Desarrollarte en tu vida no es algo distintivo de nadie. Hay que naturalizar la discapacidad y no tenerle miedo. Una persona con discapacidad no merece preferencias, y del otro lado, nadie debiera sentir lástima. A cada uno le toca lo que le toca y hay que aceptarlo.

— Miras acá en Australia a Dylan Alcott (multicampeón de majors en la categoría quad) y el tipo es una estrella, firma contratos con bancos, filma comerciales…¿Esa atención a un deportista paralímpico también se da por un tema cultural? No es algo común en Sudamérica.

— El respeto pleno hacia la discapacidad yo lo he visto en la calle, en la vida cotidiana, no lo digo por el trato hacia un deportista en particular. Es fácil venerar a una estrella, la tele pareciera que te hace importante y eso te hace ganar respeto. Es muy interesante que este chico tenga tanta atención, porque demuestra que un apersona con discapacidad puede hacer lo que quiera y es lo que la gente tiene que entender. Si entras limitado a tener que romper tantas barreras, habrá gente que lo haga, pero muchas que no. Australia eso lo logra muy bien. Con las estrellas y los anónimos.

— A propósito, por su tipo de discapacidad (paraplejia) ¿Alcott no debería jugar en tu misma categoría (Open)?

— Sí, de hecho, jugaba en juniors conmigo. En quad, él tiene una ventaja física muy grande por sobre el resto. Siendo puramente sincero, si hubiera un chico argentino con sus mismas capacidades, probablemente no lo dejarían jugar en su categoría. Yo no puedo hacer mucho al respeto, creo que es injusto. Lo que no quita que crea que es una buena persona. Si no, que hagan una sola categoría y que compitamos todos en esa. Su condición física no difiere mucho de la nuestra.

Novaj Djokovic con Gustavo Fernández
Novak Djokovic se fotografió con Gustavo Fernández tiempo atrás

— De los jugadores top en el tenis convencional, ¿Quién es el que hace más por el tenis adaptado?

— Ninguno lo hace innatamente. Aunque sería injusto decir que ningún tenista convencional top la ha luchado por el tenis en silla, porque nadie lo ha ido a pedir. Tendría que tener mucha confianza con alguien para pedirle que se moje por nosotros.

— ¿Qué les pedirías?

— No lo sé, tendría que analizarlo. Para generar un cambio real necesitamos que gente de peso se involucre. Es complejo porque está ITF y ATP metidos y ahí hay una eterna disputa.

— ¿Ya es hora de que más torneos del circuito grande y en silla compartan sede, y no solamente los Grand Slams?

— Sería ideal, pero es mucho más complejo de lo que suena. Hace muchos años se viene hablando de esto. Y en todos los deportes ojalá se logre esa evolución. Pocos son los que se pueden dedicar a esto si no tienen una federación o algo muy fuerte bancándote atrás. Yo tuve la suerte que tuve el ENARD (Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo). Después gracias a resultados agarré apoyo de privados para profesionalizarme.

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