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Son un grupo de jóvenes que luego de ver una escena de Tom Cruise en Misión Imposible corriendo arriba de un tren, dijeron: “Lo queremos hacer nosotros”. No les importa su vida, ni la de los demás, ni el cuidado del transporte público, ellos se suben en los techos de las formaciones que recorren el norte de la Ciudad de Buenos Aires y del conurbano y hacen lo que definen como “surfear los trenes”.

“Te ponés arriba de un techo y el movimiento imita exactamente la sensación de estar en una tabla de surf, en una ola”, define uno de estos adolescentes tardíos. El joven de 20 años, brindó una entrevista a Telefé Noticas en la que detalló cómo estudian el ramal, los tendidos eléctricos, la altura de los puentes y las formas de escapar de los guardas cuando son descubiertos: “Todo eso tenés que tenerlo en cuenta porque no querés estar arriba y caerte, obvio”.

La práctica se conoce como “surfeo en trenes” y se registró en distintos países. Sin embargo en la Argentina es la primera vez que trasciende. Se lo suele definir como “chicos bien”, un grupo de adolescentes de zona norte, hijos de familias con las cuestiones económicas resueltas y que como están aburridos encuentran la emoción de sus vidas en burlar la muerte.

Eligen los techos del tren Mitre, ramal Tigre para iniciar su travesía. Comienzan en Acassuso, atraviesan Martínez, La Lucila, Olivos, pasan por Vicente López e ingresan a la Ciudad. Recorren Núñez, Belgrano y terminan en Barrancas de Belgrano donde huyen a toda velocidad y saltan los molinetes para evitar ser detenidos. Pero en el trayecto ponen a prueba los límites de la estupidez humana. Primero se posan sobre los techos de los andenes de las estaciones, esperan unos segundos y saltan a la parte superior de los ferrocarriles antes de que emprendan su recorrido. De esta forma evitan ser vistos por guardas o usuarios.

Tren Mitre (NA)
Tren Mitre (NA)

Al inicio del recorrido van acostados, esperando que la máquina tome velocidad. La adrenalina sube y necesitan más. Se paran sobre el techo, buscan equilibrio y encuentran la posición para “surfear el vagón”. Los más temerarios bailan, corren, saltan de un vagón a otro e incluso de una formación a otra cuando coinciden en las estaciones. Todo queda registrado por ellos mismos y lo suben a sus redes sociales. Con cámaras en mano y Go Pro sujetas a sus cabezas aportan las apruebas de sus prácticas extremas.

“Una vez que estás arriba querés aprovechar el momento”, expresa un joven que sale en televisión con la cara tapada para evitar ser reconocido. Una vez arriba, “empezás a innovar, a saltar de un vagón a otro, a correr por todo el tren, te buscás la toma para sacar una foto”. Las posibilidades de caerse son altas: considerando la altura de más de tres metros y en pleno movimiento, de mínima un golpe fuerte, de máxima electrocutarse, perder la vida… De hecho, el protagonista de esta historia contó que una vez por tomar una foto sufrió un golpe: “Me pegué dos veces con un cable, y una vez me llevó la cámara y perdí la toma”.

Cuando el tren comienza a frenar, ellos saltan y huyen a toda velocidad para evitar ser atrapados por guardas o policías. Nadie los detiene. “Siempre te descubren, después es si te agarran”. “Buscamos adrenalina pura, ténes la muerte a un metro de un lado y a un metro del otro”, revive la experiencia que no le genera ningún tipo de remordimiento ante el riesgo de que puede generar un accidente: “No sentís absolutamente nada”. Sin embargo, insólitamente plantea cuestiones existenciales: “Todo ser vivo le tiene miedo a la muerte, pero la sensación de adrenalina se vuelve adictiva”.

Una vez al pasar por Olivos, frente a la Quinta presidencial, el tren se detuvo por ellos. “‘Acá pasa algo’, dije, chau nos tenemos que ir”, reflexionó aquél día y junto a sus amigos se tiraron del techo empezaron a correr “como si no hubiera mañana” hasta que en un puesto de policía, los efectivos le cruzaron la trompa del patrullero. “Yo me largué a llorar y me les hice el pobrecito, no entendían absolutamente nada, recibieron el llamado pero ¿quién se va a creer que hay gente arriba del techo de un tren?”.

Sus padres saben lo que hace. “Lo pusimos sobre la mesa, porque es algo arriesgado, por las dudas si vos les decís ‘me voy a lo de un amigo y te matas, y tu viejo no se enteró de nada, es feo”. “¿Qué te respondieron tus papás?”, le preguntó el periodista. “Me dijeron pelotudo”.

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