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Scaba Badi Bidú, Donald 1969 (Infobae)

Mirando desde acá, tomando distancia, parecieran hechos encadenados. Pero no.

Vamos a esto. Donald graba un reggae antes que Bob Marley terminara de armar su banda, antes que Eric Clapton hiciera el hiperfamoso I shot the sheriff -de Bob, justamente-, mucho antes que John Lennon intentara un reggae con Mind Games y lo frenara de editarlo Phil Spector a los gritos. Aun antes que Led Zeppelin compusiera D’yer Maker, nuestro Donald ya había grabado un reggae, de pura cepa jamaiquina.

No fue magia, ni casualidad, apuntó y dio en el centro del blanco.

Donald Clifton McCluskey
Los McCluskey son una familia de músicos. Don Dean -el padre- con Alex, Buddy, Patricia y Donald

Desde mí, adoro a Donald, escuchaba sus discos de chiquito y ya como musicalizador de radio lo conocí. Donald es un eterno pibe que suda música. Hijo del director de orquesta americano Don Dean, que una noche decidió abandonar la big band y mudarse a Buenos Aires siguiendo un amor. Se casa y de esa unión nacen Alex, Buddy, Patricia y Donald McCluskey, todos músicos como su padre, todos populares en algún momento de sus carreras, Alex y Buddy con sus MacKe Macks llegaron a presentarse en el Show de Ed Sullivan en Nueva York un tiempo antes que los Beatles y los Rolling Stones. Donald firma su primer contrato musical con un sello grabador a los 18, y a los 20 años, de la mano del inolvidable cool cat argentino Nono Pugliese y su canción Tiritando venden mas discos que Palito y Sandro juntos.

Tiritando, la canción de Donald y Nono Pugliese para la publicidad de Chesterfield con Liliana Caldini (Infobae)

Estamos en 1969.

Los bailes de carnaval eran multitudinarios eventos que se hacían en los clubes de todos los tamaños convirtiendo esos bailes en una inusual caja de resonancia donde músicos, disc jockeys y empresarios ponían a prueba sus mejores proyectos. También donde artistas consagrados se hacían de buenos dividendos realizando varios shows cortos por noche, recorriendo los mas variados escenarios. Uno de los habitués de esas divinas jornadas era Jimmy Cliff, el primer músico jamaiquino que puso al reggae en las listas de éxito de todo el mundo, sin exagerar, desde Jamaica hasta Japón o Argentina sus canciones se vendían como detergente. En los carnavales de 1969 lo traen por primera vez a Argentina a caballito de un tema que había sido la canción del verano para revista 7 Días en Punta del Este, Waterfall. Nada extravagante pero los musicalizadores de radio la hicieron sonar… y a cobrar.

Le pusieron la que pedía y Jimmy adoró nuestro país para siempre. Con un cachet de $1.400.000 argentinos, 40.000 dólares de la época, Cliff paseaba con su banda en una combi desde San Lorenzo hasta el Deportivo San Andrés en ese Febrero de 1969. Repetiría el periplo en el 70, el 71 y el 72. Tuve la enorme fortuna de conocerlo en 1993 cuando volvió al pago subido al festival de reggae que produjo Rock & Pop y él mismo nos contó esto que nosotros ignorábamos. Compartió escenarios con Sandro, Serrat, Donald, Palito Ortega, Manal y Los Náufragos. Como no existía el reggae por acá, aunque era un verdadero ídolo, lo presentaban como El Rey Del Soul. Como sea, pero ya Buenos Aires fumaba reggae sin saberlo, así que no es de extrañar lo que voy a narrar.

Donald Clifton McCluskey
Tiritando vendió 600 mil copias

Bastó que en una propaganda de cigarrillos Liliana Caldini bailara diosamente Tiritando para que en cuestión de días la canción vendiera 600.000 discos, Nono Pugliese firmara uno de los mayores contratos de la historia con su agencia de publicidad y Donald pasara de ser el hermano menor de los MacKe Mak´s a tener álbum propio, programa de televisión, películas y giras multitudinarias por toda Latinoamerica. Nada mal para un pibe de 20 años que hace unos meses comía tranquilo dos porciones de parado en El Cuartito y ahora era incapaz de caminar dos veredas sin que una multitud de chicas en minifalda se le abalanzaran.

Obviamente a Donald le abrieron el crédito en la grabadora, que al grito de “¡hacé lo que quieras!” esperaban cada disco como un pichón espera con la boca abierta para arriba que su mamá pájaro le de la comida ya digerida. En un país donde el rock todavía no tenía estatura comercial, los ídolos populares Palito y Sandro ya estaban consumados, el tango y el jazz venían decayendo mal y el folklore tenía sus propios recorridos, la aparición de un nuevo elegido lo transformaba en una especia de mesías musical.

Los hermanos McCluskey eran músicos desde antes de nacer, así que si sumamos inquietud al apoyo fraternal que como hermanos tenían, resultaba en que el apoyo a veces se convirtiera en la salida que se buscaba. Los discos simples de Donald eran una cosa pero los álbumes, a veces, eran otra a veces. Sabían mucho de música y si bien para la multitud era Donald el de sucundúm y chequendengue, prestando verdadera atención a sus canciones a veces te topabas con verdaderas gemas.

Eso me pasó cuando escuché por primera vez Scaba Badi Bidu, algo había en ella que me hipnotizaba. No era la letra, obviamente, pero no podía resistirme a terminarla cada vez que la escuchaba.

Era distinta, siempre la usé y en todos los programas de radio que hice alguna vez la pinche al aire. De hecho el mes pasado sonó en mi programa de los sábados. Poner esta música en Mitre o en radio El Mundo estaba bien, pero hacerla sonar en Rock&Pop era subversivo, así que siempre la justificaba aclarando que fue el primer reggae conocido grabado afuera de Jamaica. Recuerdo para más argumentación que en la contratapa del disco, que no tengo ahora pero tuve muchos años, atrás del nombre de los temas, por ley, se ponía el estilo al que pertencían Fox Trot, Rock, Tango, Rumba, en fin era lo que había. En Scaba Badi Bidú atrás decía Regay (sic), eso sí lo hacía único.

Donald Clifton McCluskey
Las canciones de verano fueron un clásico de Donald. Desde Tiritando hasta Marina, un éxito de los ’80

Una noche le pregunto entonces a Donald qué hacía de Scaba Badi Bidú la distinción, y me contó la historia.

Cuando Donald terminó de relatarme la historia, hace de esto varios lustros, se abrió en mi cerebro la ventana por la que salieron volando todos mis prejuicios musicales, comprendí por fin la verdadera esencia de todo en la música y su difusión. Las canciones no tienen edad, ni frontera, ni siquiera idioma. Gracias a Scaba Badi Bidú entendí para qué estaba en la radio poniendo discos desde los 17, aboliendo estructuras anticuadas como bandera.

Así como también pude valorar la enorme fortuna de haber crecido en esa Buenos Aires donde convivían la misma noche Julio Iglesias, Pappo’s Blues y Ginamaría Hidalgo.

Fueron tan importantes para mí esos años como los 20 que pasé trabajando en los shows de David Bowie, Soda Stereo y los Rolling Stones, entre cientos mas.

Donald me cuenta que ya habían sacado un par de long plays y sus hermanos siempre le daban una mano, claro. Fue en 1970 cuando un hermano de Donald, trabajando en un crucero que llegaba a Jamaica, baja en Kingston y allí se encuentra con miles de jóvenes que en medio de sus carencias y de su pobreza se expresaban uniéndose a través de una música bastante elemental y plagada de matices, a veces logrados en unos estudios de grabación rudimentarios y creativos que otorgaban a esas grabaciones un sonido bastante peculiar.

Donald Clifton McCluskey
En Scaba Dabi Bidu, el primer reggae argentino grabado por Donald, tocaban músicos jamaiquinos

Esa música jamaiquina de los 60 y comienzos de los 70´s suena única, inconfundible, divina. Se de qué hablo porque muchísimas veces he pasado en set esas músicas en vivo. La ultima vez fue hace unas semanas en la inauguración de una terraza de pizzería frente al Parque Saavedra, y me pidieron el set de Jamaica de los 60 en la presentación de algunos vinos, también hice ese set abriendo el show de los Wailers en Obras Sanitarias en 2004, en los shows de los Rolling Stones siempre musicalicé en los vip´s y varias veces usé esta música, así como también fui el musicalizador del encuentro de los Stones con las autoridades del gobierno anterior -asado mediante- poniendo Jamaica de los 60, que siempre viene bien y ayuda.

Bueno, el hermano de Donald baja en Kingston, se subyuga ante ese sonido tan entrador, decide golpear la puerta de un estudio de grabación y con unos dólares mediante logra que la banda que estaba tocando allí le grabe una base de 5 minutos con ese sonido loquillo para uso propio.

De vuelta en Buenos aires el hermano lo agarra a Donald, hablan de Jimmy Cliff y saca de su bolso la cinta grabada en Kingston, la ponen en el rack Teac de cinta abierta, ahí mismo le hacen una letra y sale Scaba Badi Bidú.

Bobby Flores y Keith Richards
La selfie de Bobby y Keith Richards

Donald me dice que era una canción distinta porque, justamente, los que tocan son unos jamaiquinos que vaya a saber uno cómo se llamaban. Y por eso a mí, con oídos nuevos, me sonaba diferente a lo de Donald pero igual a lo que yo escuchaba y ponía. De hecho, hace unas semanas puse en mi programa Scaba Badi Bidu entre los Skatalites y los originales Wailers y entró como si hubiesen nacido juntas. ¿Por qué no?

Final cinematográfico. Cuando estoy poniendo música para los Rolling Stones, ellos estaban a una distancia de mi espontanea cabina así que no esperaba que en un instante, mientras estaba buscando un disco, a mis espaldas apareciera Keith Richards. El rolling, sonriendo y sin decir mucho, agarra un disco de Jimmy Cliff y me señala un tema: The harder they come. Temblando casi lo pongo en la bandeja, nos sacamos una selfie y luego él se fue donde lo estaba esperando Patti su mujer. Recuerdo que lamenté no tener, ya hace mucho tiempo, ese vinilo de Donald vestido de mago que traía Scaba Badi Bidú.

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